viernes, 31 de octubre de 2014

¿Somos santos los Católicos?

Nuestra Iglesia Católica es criticada por muchos, y no es nada raro, si bien es fundada por Cristo pero está formada y organizada por seres humanos algunos más buenos que otros y otros menos malos que otros, algunos más evidentes y otros más ocultos. Pero si evaluamos una institución o cualquier otra organización o entidad comunitaria por el comportamiento de los malos, es una evaluación muy
parcial e injusta, cuando en gran parte de instituciones numerosas hay muchos que hacen las cosas bien y no son tenidos en cuenta para tal evaluación y consideración.
Dios no quiere que solo hagamos cosas buenas, Dios quiere que seamos buenos, ese es el mensaje que los santos han entendido, porque solo Dios es bueno y en Cristo manifiesta su bondad humanamente y, nadie ha sido creado para ser malo.
 Podremos hacer cosas buenas por conveniencias, por miedo, por presiones, por obligaciones... pero ninguna de esas cosas nos hacen buenos esencialmente. Pero cuando las cosas buenas las hacemos sin niguna otra razón que por voluntad propia, sensibilizados por las situaciones presentes, sin esperar nada más que responder ante la realidad para bien del otro, entonces estamos en camino de ser buenos.
El amor es la realidad que nos hace apreciar al otro por lo que es, el amor es una realidad al alcance de todos pero que requiere nuestra voluntad de amar, de decidirnos a amar. Cristo es quien ha entrado en la historia humana como el que sirve por amor, como el Maestro que enseña con su vida a amar. Es el Santo que nos enseña a vivir como Santos, quien nos santifica con su presencia, con su amistad, con su acción directa en nuestra propia vida. Dios es amor que puede calar los más íntimo y escondido de cada uno de nosotros si se lo permitimos, es aquel quien puede mover nuestra voluntad a seguirlo con total libertad... Por eso Cristo es nuestro Salvador porque, Él es quien nos redime, el Espíritu Santo quien nos Santifica, es Dios quien nos hace buenos contando con nuestra aceptación y docilidad por la fe y el amor.
Dios quien ama a la humanidad, eligió y llamó a sus discípulos para encomendarles la misión de ser como levadura en la masa, como sal en la tierra, como luz del mundo, para que su Amor sea presentado a todos sin excepción... misión que la asumen como Iglesia fundada por Cristo sin mucho protocolo, asamblea convocada por el amor, convocada por el Hijo de Dios, Camino, Verdad y Vida. Comunidad de Vida y de Amor sostenida por la fuerza de lo alto, la fuerza del Espíritu Santo, fuerza santificadora que actúa en la comunidad y en cada uno porque quiere actuar en la humanidad entera.
Es cierto que al confrontar nuestro amor con el de Cristo nos damos cuenta que nos falta muchísimo para amar como Él, por eso no podemos decir que somos buenos, pero sí que queremos serlo; gran parte de la Iglesia queremos ser sus discípulos, lo que significa creer en Él, estar en camino con El por este mundo, siguiéndolo hasta más alla de la muerte, hasta el misterio de la Resurrección, significa que estamos en camino a la santidad...
Estar en camino a la santidad es reconocer a Dios como autoridad suprema del universo, es buscar su voluntad siguiendo a Cristo simplemente por amor;
Estar en camino a la santidad es buscar la justicia y la paz, trabajar por ella, no para armar una sociedad buena e instalarnos en el mundo de por vida, sino una sociedad que garantice el desarrollo de la vida con dignidad y no solo bienestar;
Estar en camino a la santidad es usar todos los recursos al alcance de la mano para invertirlos a favor del avance del bien ante el mal, de la paz ante la violencia, del amor ante el odio, de la verdad ante la mentira, y no solo los recursos sino la vida misma, porque muriendo se resucita a la vida eterna;
Estar en camino a la santidad es tener la paciencia y no pretender que el bien sea por generación espontánea, saber que se necesita madurar la semilla de la verdad y del amor en la mente y el corazón de los hombres y mujeres de todo tiempo;
Estar en camino a la santidad es estar dispuestos a enfrentar el dolor y las lágrimas, compadeciéndose de quienes sufren, de los vulnerables, de los débiles y abandonados, son aquellos que sienten las heridas de la humanidad, de los que están a la vuelta de la esquina, o en su propia casa, en su propio corazón y están dispuestos a dar respuesta con su propia vida, como el Buen Samaritano, y no simplemente conformarse con un sentimiento de lástima y haciendo nada por los demás;
Estar en camino a la santidad significa ser comprensible ante la miseria y pecado de otros, no para justificar ni para consentirlos, sino para proponerles también el llamado a la conversión de Jesucristo, para dejarse ayudar, corregir y perdonar, reparando el daño causado en lo posible, superando odios, frustraciones, abusos y violencia, que casi siempre están en las raíces de sus historias;
Estar en camino a la santidad es saberse uno mismo amado, cuidado, comprendido, perdonado y guiado por Dios, no por los méritos propios, sino por los de Cristo y para ser instrumento de su amor para muchos más;
Estar en camino a la santidad es superar el miedo a la muerte con la certeza de la fe en la resurrección, para ser testigos de la verdad, la justicia y el amor en el mundo, es no dejarse robar la esperanza, una esperanza que es compartida con toda la Iglesia, porque la realidad nos muestra que todavía no somos santos, pero que este mundo desafiante y la Palabra Viva del Evangelio nos da una oportunidad para serlo. Es mantener la alegría serena en nuestros rostros con la certeza de que con la presencia salvadora de Cristo vamos a llegar.
Ser Santos es simplemente ser una mujer o un varón buenos libremente, seres humanos negros, blancos, mestizos, aborígenes, orientales, occidentales, casados,
solteros, padres, madres, hijos, hermanos, consagrados, caídos, golpeados, recuperados, criticados, insultados, condenados por la sociedad... aquellos y aquellas
que aceptaron la propuesta de creer en Dios y amarlo con toda la vida y amar al prójimo como Jesús enseñó.
Ser santos es dejar que Dios deje sus huellas en nuestras vidas, como lo hizo la Virgen María, y como muchos hermanos nuestros que hoy los reconocemos ya santos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Amor que no se corrompe...

Amor que no se corrompe...

El amor de una madre es el más difícil de corromper, sin embargo es posible que lo sea. Es una enseñanza que se nos transmite en la Biblia, allí se nos presenta el amor de Dios comparado al amor de una madre... «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Isaías 49, 15)
Al pie de la cruz, Jesús nos deja una ayuda más para recuperar el amor incorruptible en el corazón del hombre, de sus discípulos: nos deja a su Madre como Madre nuestra y no solo del discipulo amado... «Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre"» (Juan 19, 25-27)  todos somos amados por Dios, todos, ya que Él no se olvida de ninguno.
María es la madre cuyo amor no se ha corrompido y se ha extendido a toda al humanidad, pero no solo para que la humanidad se sienta amada, sino para que aprenda a amar con un corazón humano, como el de Jesucristo, como el de María. Una humanidad en el que muchos dejan corromper su amor por el dinero, el poder, la ambición y el egoísmo, Dios nos muestra su propuesta y su confianza en nosotros, con su Gracia somos los que podemos custodiar el amor humano para que no se corrompa. Pidamos esa gracia a Dios, seamos dóciles a Dios Espíritu Santo como María, aprendamos a amar como Jesucristo quien nos dejó su mandamiento: «Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.» (Juan 15, 12)
Hace poco celebramos el día de la madre, por eso aprovecho esta oportunidad para ver en el amor de madre una de las huellas más firmes de Dios en la humanidad, al dejar a María, madre de Cristo, como Madre nuestra. Huella para seguir, no solo para mirar y ver quien camina por ella, huellas que siguen abriendo camino, en las familias y comunidades a través del amor que no se corrompe... como el de una verdadera madre como María, un amor como el de Jesucristo, como el de Dios, quien nos dice por boca del Profeta Isaías: "... Yo no te olvidaré".