Amor que no se corrompe...
El amor de una madre es el más difícil de corromper, sin embargo es posible que lo sea. Es una enseñanza que se nos transmite en la Biblia, allí se nos presenta el amor de Dios comparado al amor de una madre... «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Isaías 49, 15)
Al pie de la cruz, Jesús nos deja una ayuda más para recuperar el amor incorruptible en el corazón del hombre, de sus discípulos: nos deja a su Madre como Madre nuestra y no solo del discipulo amado... «Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre"» (Juan 19, 25-27) todos somos amados por Dios, todos, ya que Él no se olvida de ninguno.
María es la madre cuyo amor no se ha corrompido y se ha extendido a toda al humanidad, pero no solo para que la humanidad se sienta amada, sino para que aprenda a amar con un corazón humano, como el de Jesucristo, como el de María. Una humanidad en el que muchos dejan corromper su amor por el dinero, el poder, la ambición y el egoísmo, Dios nos muestra su propuesta y su confianza en nosotros, con su Gracia somos los que podemos custodiar el amor humano para que no se corrompa. Pidamos esa gracia a Dios, seamos dóciles a Dios Espíritu Santo como María, aprendamos a amar como Jesucristo quien nos dejó su mandamiento: «Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.» (Juan 15, 12)
Hace poco celebramos el día de la madre, por eso aprovecho esta oportunidad para ver en el amor de madre una de las huellas más firmes de Dios en la humanidad, al dejar a María, madre de Cristo, como Madre nuestra. Huella para seguir, no solo para mirar y ver quien camina por ella, huellas que siguen abriendo camino, en las familias y comunidades a través del amor que no se corrompe... como el de una verdadera madre como María, un amor como el de Jesucristo, como el de Dios, quien nos dice por boca del Profeta Isaías: "... Yo no te olvidaré".

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