Quien diga que Dios ha muerto, que salga a la luz y vea,
si el mundo es o no tarea, de un Dios que sigue despierto,
ya no es su sitio el desierto, ni en la montaña se esconde,
decid si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja,
en dónde un hombre trabaja y un corazón le responde.
Stanislaw Jerzy Lec, un escritor de aforismos polaco de origen judío, de principios del siglo pasado escribió: "El que busca el cielo en la tierra se ha dormido en clase de geografía"...Son muchos los que buscan el cielo en la tierra, y si no se han dormido en la clase de geografía, han confundido el significado espiritual de la palabra "Cielo". El cielo mismo habla de trascendencia de un estado de vida más allá, en el misterio. El camino al cielo para el creyente es Cristo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.» (Juan 14,6).
Ahora ¿Estamos seguros de no buscar el cielo en la tierra?... es decir de no buscar recompensas de Dios por lo bueno que hacemos aquí mismo nomás, lo más pronto posible... así creemos en un dios que cumple con nosotros y que esté a nuestro servicio, sino lo amenazamos con dejar de creer...
No hay camino físico o geográfico a través de un territorio, ni huellas marcadas en el barro del suelo... las "huellas" somos nosotros mismos en la medida que aceptamos dejar habitar en nuestro mismo ser al Amor Increado, al Espíritu Santo, así seguir y ser las "huellas" de Cristo, que se actualizan de distintas maneras, tantas como la diversidad de seres humanos creyentes y culturas existentes en el mundo, que aceptan la propuesta de la Fe.
«...el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» (Marcos 8, 35) Es decir que Cristo nos llama a invertir toda nuestra vida en seguirlo y vivir su Evangelio, lo que significaría dejar que Dios manifieste en nosotros su amor hacia todos, impulsándonos a buscar el bien para los demás. Este objetivo se hace más firme y fuerte en la medida en que nuestro amor se identifica con el de Jesús, de tal manera que hasta olvidamos nuestra recompensa aquí en la tierra y ya no pensaremos en nuestra salvación sino que pensaremos, desearemos y buscaremos la salvación de todos.
Solos no podemos y no son nuestras las huellas... debemos dejamos hacer "HUELLAS" de Dios para los demás en la comunidad, así lo pide en oración Jesús al Padre Dios para que seamos "uno", así nos pide a nosotros usando la comparación de la Luz: «...como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17, 21); «...Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.» (Mateo 5, 16)
Por lo tanto no busquemos el cielo, menos aquí en la tierra, hagamos presente el cielo a través de nuestro amor, que hace realidad en el mundo los gestos de Cristo en nuestros gestos, sus palabras en nuestras palabras... dichas por él... seamos testimonio de nuestra ciudadanía celestial ya aquí en la tierra, olvidándonos de nuestra recompensa, busquemos compartir la misma con cuantos todavía no se han encontrado con Cristo...
Termino con una frase de Santa Teresa del Niño Jesús: "Pasaré mi cielo haciendo el bien en la tierra..." El Cielo está donde está Dios... es el misterio del "Más allá" tan real y concreto que comienza en el "Más Acá" Misterio de Dios hecho hombre: "Cristo, Camino, Verdad y Vida"
.jpg)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario