El hombre, mujer y varón, todavía un misterio. La humanidad, capaz de amar y de odiar o, de quedarse en la indiferencia... capaz de grandes cosas, tanto para bien como para el mal.
Hoy, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, las reflexiones tradicionales nos refieren al corazón de Jesucristo crucificado y muerto traspasado por la lanza del soldado en el Gólgota. Jesucristo, Hijo de Dios, quien nos revela amando como hombre el amor eterno de Dios, traspasando la barrera de la muerte al resucitar. Verdad y Misterio, al que adherimos solo por la fe, con la certeza y la fuerza del Espíritu del Amor.
«Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: "¡Aquí tienen al hombre!"» (1) nos refiere el Evangelio, coloreado en sangre aquél paisaje dramático y paradójico, lamentablemente actual: Jesús, hombre inocente; Pilato, el juez; los acusadores, aquellos, quienes fueron incitados a pedir su crucifixión y la muerte de quien fuera entregado por envidia y por algunas otras cosas más (¿Soberbia, poder, ambición...?). (2) «Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucifiquen, y ellos se lo llevaron» (3).
¡Aquí tienen al hombre! recién concebido, pero que está fuera de los planes de quienes lo debieran aceptar, molestando con la verdad de su existencia; existencia real y concreta, que pide atención, protección y comprensión, a quienes hemos desarrollado la capacidad de conocer, de comprender, de distinguir y de amar; existencia afirmada por la ciencia, la sensatez y la sinceridad.

¡Aquí tienen al hombre! inocente como Aquél de quien Pilato dijo: «"Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo"» (4) ante autoridades de un Estado que por codicia, envidia, ambición, poder, miedo y cobardía, vuelven a lavarse las manos, dejando librado a un debate, la suerte de la vida de muchos inocentes, quienes ha diferencia de Jesucristo son desconocidos y rechazados hasta por su madre, a quien no nos corresponde juzgar.
¡Aquí tienen al hombre! ante una mujer, en una mujer que muchas veces no sabe como responder ante gran parte de una sociedad hipócrita, que valora más aparentar ser bueno, que serlo realmente, al punto de llegar a la cobardía de hacer desaparecer a quien se piensa que nadie lo reclamará. También ante un varón, que lamentablemente con aires de superioridad, considera una “vil conquista” a la mujer, como un trofeo de su virilidad.
¡Aquí tienen al hombre! ante religiosos creyentes, pero que su fe está más afirmada en el dinero, poder o placer, reduciendo al amor y a la fe a una sensación más, haciendo de la esperanza utopías vacías, espejismos y vanidad.
¡Aquí tienen al hombre! Ante una sociedad que solo espera como resultado de un duelo de gladiadores, que el “Cesar” termine decidiendo sobre el caído, como un espectáculo macabro y sangriento que calma oscuras pasiones, abusos, atropellos a la humana dignidad.
Ante tal realidad, quien no la conoce es porque no la quiere conocer, porque no quiere escuchar, porque no quiere ver, encerrado en los límites del egoísmo y autoreferencia, en la ignorancia de lo que hay más allá de su propio corazón, en el resplandor fugaz de la soberbia por lo que la vida en este mundo le pueda dar por encima de los demás...

Ante tal realidad mantenemos encendida la Luz de la Verdad, de la Fe y del Amor, en el medio de la noche, en el medio de la sociedad, con la certeza de que tantas mujeres, varones, religiosos, autoridades y muchos en la sociedad responden positivamente, trabajando, haciendo una cultura de la vida, en silencio, pero a la luz de los demás. Es la esperanza puesta en Aquél que envió a sus Apóstoles a dar testimonio de su Amor, el único que puede curar la sordera, la ceguera y la dureza del corazón de quienes hoy renegando del Santo y Justo piden como gracia la muerte del inocente y la liberación del homicida. (5)
No se trata de condenar, se trata de salvar, de cuidar, de trabajar, de arriesgar gustos, placeres y comodidad, por las dos vidas o tres, la de la mujer, la de la persona concebida... la de la humanidad.
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(1) Juan 19,5.
(2) Cf. Marcos 15,11.
(3) Juan 19,16.
(4) Juan 19,6.
(5) Cf. Hechos 3,14.
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